Los que me conocen, saben que no soy una persona que confíe en la suerte para hacer las cosas. Soy de los que piensa que cada uno forja su propio destino, y que cada decisión es la que nos pone a uno en la situación en la que está, punto.
El finde, tuve la suerte de pasarla en Carlos Paz, y como muchos de Córdoba sabrán, allá hay dos casinos (creo que son de la misma empresa). Si bien no soy muy amigo de los casinos, porque creo que la gente deposita falsas esperanzas en ellos, tuve la tentación por conocer (no uno, sino ambos!), para ver que es lo que sucede allí dentro… y créanme, por más luces bonitas y tumulto de gente, la situación no es muy agradable.
Los casinos en sí, están buenos… sobretodo el “nuevo” (el que está a media cuadra de la peatonal, donde antes había una sala de videojuegos, creo), pero si uno deja de sorprenderse por el entorno, se da cuenta de que muchos van ahí a depositar sus sueldos, y normalmente, vuelven con las manos vacías a sus casas (lo cual es muy triste).
Estuve parado detrás de una mujer, que puso 50 pesos en una “tragaperras” (máquina tragamonedas, pero que traga billetes… interesante, algo que no conocía), y llegó en su momento, luego de varios momentos de suerte, a los 300 pesos ‘ganados’ (listos para hacer cash-out y salir corriendo! jajaj). Penoso fue ver que la señora siguió guiada por su suerte, hasta comenzar la pendiente en caída, y ver que sus ganancias desaparecían poco a poco, hasta quedar en menos de lo que había puesto (CASINO WIN!). Peor, es pensar que la mujer no se frenó en los 50 pesos (donde había comenzado), por lo menos para salir con saldo cero!
No estuve excento de la tentación de jugar, claro… pese a que estoy en contra de ello, ya que tenía cierta duda sobre que es lo que siente el que está sentado en esa máquina y pone plata esperando que salga más de lo que puso.
El primer día, estuve en el grupo de perdedores… jugando tan solo 10 pesos en la primera instancia, llegando a los 24 pesos, y viendo como la ceguera por más, me dejaba sin lo que había puesto. La bronca o impotencia, me llevó a poner 20 pesos más, los cuales… como es sabido, terminaron en saldo 0.
En la segunda visita (al nuevo casino), rehacio a seguir quemando dinero, merodee por las máquinas, hasta que una milagrosamente se desocupó ante mi (ja!), a lo que mi novia me dijo que apostara 10 pesos. Sorpresa, recuperé no solo los 10 pesos, sino 67 pesos más, lo que me llevó a recuperar las “pérdidas” (tanto mías, como de mi novia, y ganar un peso extra ja, FEDE WIN! CASINO FAIL).
Pero, en esta ocasión noté un poco más de control sobre mí (no porque la plata no fuese mía, aunque quizás eso ayudó un poco), sino que al ver todo en tercera persona, me propuse no quedar en boludo frente a mi mismo, y hacer algo bien. Las reglas eran simples, si lograba duplicar lo que había apostado, me frenaba allí, hacía cash-out, y jugaba con lo ganado. Si perdía, se terminaba el juego. (todo esto, con un control extra, mi novia… la cual ya sabía las reglas y debía ayudarme a controlar en caso de que mi ambición tomará posesión de mi cuerpo jeje).
Estas reglas no solo me asegurarían “no perder demasiado”, sino que evitarían incluso entrar en ese “círculo vicioso de tratar de recuperar”, el cual -lamentablemente- afecta a la mayoría de los que visitan los casinos.
No creo que esto les ayude a ganar en casinos, para nada… pero si les ayudará a no pasar una noche tan amarga (evitando frustraciones, haciendo un control de daños, digamos), y cuidar de lo que tenemos, que si bien no es tan importante, es lo que nos ayuda a pagar las cuentas mes a mes… para poder seguir subsistiendo.